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Salón redondico es un espacio dedicado al fútbol desde las letras, o un espacio dedicado a las letras desde el fútbol. En cualquier caso, es un lugar para sentarse a la lumbre de un balón. Estás invitado a pasarte un rato por aquí, y si te gusta o disgusta lo que lees, deja tu comentario.

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Nobel para Mario Vargas Llosa

viernes, 8 de octubre de 2010

Desde 1990 en que lo ganó Octavio Paz, ningún escritor en lengua castellana lo había conseguido. Y Vargas Llosa se lo merecía de hace tiempo. Ahora se habla de sus obras más importantes: La ciudad y los perros, Pantaleón y las visitadores, Lituma en los Andes... todas ellas obras de gran calidad. Yo voy a recomendar, sin embargo una novela suya que no he escuchado nombrar en los informativos que han difundido la noticia del premio: La guerra del fin del mundo. Ambientada en el Brasil del siglo XIX, cuenta cómo un misterioso personaje con gran poder mesiánico crea una comuna que pone en jaque a las fuerzas políticas del país. Se trata, en mi opinión, de una de sus obras más densas. Algunos pasajes son extremadamente complejos y lentos, pero merece la pena en cualquier caso.

Vargas Llosa es, además, uno de esos intelectuales que no se avergüenzan de reconocer que les apasiona el fútbol. Pero de eso hablaremos otro día.

El fin del camino

viernes, 12 de marzo de 2010

P.R.G. - Salón redondico
Las cosas podían haber acaecido de cualquier otra manera, y sin embargo sucedieron así. Esta es la primera frase de Miguel Delibes que leí. Pertenece a la novela El camino y, ahora que el suyo ha llegado al fin, se la quiero dedicar a modo de modesto homenaje, como demostración de mi agradecimiento por los buenos momentos que me ha hecho pasar. Por ser uno de los principales culpables de mi enganche a los libros. Muchas gracias.

Mario Benedetti. Hoy tu tiempo es real

martes, 16 de febrero de 2010

P.R.G. - Salón redondico
Ya he traído a este salón en un par de ocasiones a Mario Benedetti. En ambas hablé de sus cuentos, pero esta vez traigo un poema. Porque si notable fue su obra narrativa, su poesía no queda atrás. Y, pese a la rivalidad de dos siglos existente entre Argentina y Uruguay (que hunde sus raíces en la lucha por la independencia contra españoles y portugueses y encontró luego en el fútbol su válvula de escape), no dudó en dedicarle este soneto a Maradona:

Hoy tu tiempo es real, nadie lo inventa
Y aunque otros olviden tus festejos
Las noches sin amos quedaron lejos
Y lejos el pesar que desalienta.

Tu edad de otras edades se alimenta
No importa lo que digan los espejos
Tus ojos todavía no están viejos
Y miran, sin mirar, más de la cuenta

Tu esperanza ya sabe su tamaño
Y por eso no habrá quien la destruya
Ya no te sentirás solo ni extraño.

Vida tuya tendrás y muerte tuya
Ha pasado otro año, y otro año
Les has ganado a tus sombras, aleluya.

Walter Saavedra. Nunca jamás.

viernes, 5 de febrero de 2010

Walter Saavedra es un cronista deportivo argentino que combina esta actividad con la de poeta, músico y escritor. Es el autor de este poema dedicado al fútbol que, erróneamente, se le atribuye al ex-futbolista también argentino Quique Wolff.


¿Cómo vas a saber lo que es el amor?
Si nunca te hiciste hincha de un club
¿Cómo vas a saber lo que es el dolor?
Si jamás un zaguero te rompió la tibia y el peroné
y estuviste en una barrera y la pelota te pegó justo ahí…


¿Cómo vas a saber lo que es el placer?
Si nunca diste una vuelta olímpica de visitante
¿Cómo vas a saber lo que es el cariño?
Si nunca la acariciaste de chanfle
entrándole con el revés del pie
para dejarla jadeando bajo la red


¡¡Escúchame!!,
¿Cómo vas a saber lo que es la solidaridad?
Si jamás saliste a dar la cara
por un compañero golpeado desde atrás


¿Cómo vas a saber lo que es la poesía?
Si jamás tiraste una gambeta
¿Cómo vas a saber lo que es la humillación?
Si jamás te metieron un caño


¿Cómo vas a saber lo que es la amistad?
Si nunca devolviste una pared
¿Cómo vas a saber lo que es el pánico?
Si nunca te sorprendieron mal parado en un contragolpe


¿Cómo vas a saber lo que es morir un poco?
Si jamás fuiste a buscar la pelota dentro del arco


¡Decime viejo!
¿Cómo vas a saber lo que es la soledad?
Si jamás te paraste bajo los tres palos,
a doce pasos de uno que te quería fusilar
y terminar con tus esperanzas


¿Cómo vas a saber lo que es el barro?
Si nunca te tiraste a los pies de nadie
Para mandar una pelota sobre un lateral


¿Cómo vas a saber lo que es el egoísmo?
Si nunca hiciste una de más
cuando tenias que dársela,
al nueve que estaba solo


¿Cómo vas a saber lo que es el arte?
Si nunca, pero nunca inventaste una rabona
¿Cómo vas a saber lo que es la música?
Si jamás cantaste desde la popular


¿Cómo vas a saber lo que es la injusticia?
Si nunca te saco tarjeta roja, un referí localista
Decime, ¿Cómo vas a saber lo que es el insomnio?
Si jamás te fuiste al descenso


¿Cómo, cómo vas a saber lo que es el odio?
Si nunca hiciste un gol en contra
¿Cómo, pero cómo vas a saber lo que es llorar?
Si llorar, si jamás perdiste una final de un mundial
sobre la hora con un penal dudoso


¿Cómo vas a saber querido amigo?
¿Cómo vas a saber lo que es la vida?
Si nunca, jamás jugaste al fútbol.

Miguel Delibes. El campeonato

miércoles, 20 de enero de 2010

Juan escucha por radio el Uruguay - España del Mundial del 50. Simón filosofa sobre los veinticinco millones de españoles que están pendientes del partido. "Cincuenta millones de horas desperdiciadas. ¿Sabe usted lo que puede hacerse con cincuenta millones de horas de trabajo?". La muchacha rubia y pintarrajeada sólo piensa en su gata.


En apenas cuatro páginas Delibes (Valladolid, 1920) dibuja tres perfiles a base de una pinceladas como sólo él sabe darlas. Y es que, sin duda, se trata de uno de los grandes de las letras hispanas. Si tuviera que elegir, sería incapaz de escoger sólo una obra suya. Entre El hereje, El camino, Aún es de día, Los santos inocentes,... No sabría por cuál decidirme. Este relato se incluye dentro de su libro de cuentos La partida, publicado en 1954, y no es el único escrito en el que Delibes toca el mundo del fútbol.

Javier Marías. En el tiempo indeciso

martes, 5 de enero de 2010

Javier Marías (Madrid, 1951) es uno de los escritores contemporáneos de mayor prestigio. Su estilo, si bien resulta algo lento para la novela, se adapta a la perfección, bajo mi punto de vista, a las reglas del cuento, por lo que os animo a leer cualquiera de sus libros de relatos.

Es un amante confeso del fútbol. Más del de antes que del de ahora que, según él, tiene cada vez menos épica pero, en cualquier caso, nunca ha ocultado su pasión por este deporte (que practicó de niño jugando como extremo), y fruto de ella tenemos En el tiempo indeciso.

Incluido en su libro Cuando fui mortal, este relato nos habla de la cara B del fútbol, de lo efímero de la fama y de los muchos recovecos por los que puede perderse un futbolista. Y también, sobre todo, de esa décima de segundo que separa lo posible de lo seguro. Narra la historia de Szentkuthy, joven jugador húngaro de futuro prometedor que ficha por el Real Madrid. Aquí, mientras celebra cada gol que marca acostándose con una mujer distinta, recibe las cartas de la novia que dejó en su país, cartas que él nunca abre. Tras varias temporadas irregulares y una lesión grave, se le acaba perdiendo la pista hasta que, unos años después, la prensa deportiva vuelve a hablar de él.

Mario Benedetti. Puntero izquierdo

miércoles, 16 de diciembre de 2009

En 1959 sale a la luz Montevideanos. Era su segundo volumen de relatos, y el que sienta las bases estilísticas del cuento de Benedetti. Hay quien afirma que es también el título que le supone su consagración literaria, pero esta afirmación no la comparto porque, de ser así, no habría encontrado trabas para publicar un año después La tregua y por el contrario, como él mismo nos dijo en su visita a Cartagena en 1995, esta obra le fue rechazada por varias editoriales antes de ser publicada por fin. Por eso, bajo mi punto de vista, es La tregua la obra que coloca al uruguayo en la cumbre de las letras.

Volviendo a Montevideanos, uno de los relatos que contiene es Puntero izquierdo, que cuenta la historia de un futbolista amateur, goleador de un modesto equipo que está luchando por el ascenso de categoría. Antes del partido final, en el que se iba a decidir todo, acepta un soborno por el que debía hacer lo posible para que su equipo perdiera. Tras el encuentro, acaba en la cama de un hospital.

Rafael Alberti. Oda a Platko

viernes, 4 de diciembre de 2009

El FC Barcelona y la Real Sociedad disputan la final de Copa de 1928. Son necesarios tres partidos para que los catalanes acaben haciéndose con el triunfo, al terminar en empate los dos previos. El guardameta el Barcelona era Platko, mítico arquero húngaro. En el primero de estos partidos recibió una brutal patada en la cabeza al arrojarse a los pies de un rival para detener su remate. Conmocionado, tuvo que ser retirado del terreno de juego y atendido de la importante brecha, pero pronto volvería al campo para seguir jugando con un vendaje. Rafael Alberti le dedicó este poema:

ODA A PLATKO

Nadie se olvida, Platko,
no, nadie, nadie, nadie,
oso rubio de Hungría.

Ni el mar,
que frente a ti saltaba sin poder defenderte.
Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía.

Ni el mar, ni el viento, Platko,
rubio Platko de sangre,
guardameta en el polvo,
pararrayos.

No nadie, nadie, nadie.

Camisetas azules y blancas, sobre el aire.
Camisetas reales,
contrarias, contra ti, volando y arrastrándote.
Platko, Platko lejano,
rubio Platko tronchado,
tigre ardiente en la yerba de otro país.
¡ Tú, llave, Platko, tu llave rota,
llave áurea caída ante el pórtico áureo!

No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.

Volvió su espalda al cielo.
Camisetas azules y granas flamearon,
apagadas sin viento.

El mar, vueltos los ojos,
se tumbó y nada dijo.
Sangrando en los ojales,
sangrando por ti, Platko,
por ti, sangre de Hungría,
sin tu sangre, tu impulso, tu parada, tu salto
temieron las insignias.

No nadie, Platko, nadie,
nadie se olvida.

Fue la vuelta del mar.
Fueron diez rápidas banderas
incendiadas sin freno.
Fue la vuelta del viento.
La vuelta al corazón de la esperanza.
Fue tu vuelta.

Azul heróico y grana,
mando el aire en las venas.
Alas, alas celestes y blancas,
rotas alas, combatidas, sin plumas,
escalaron la yerba.

Y el aire tuvo piernas,
tronco, brazos, cabeza.

¡ Y todo por ti, Platko,
rubio Platko de Hungría !

Y en tu honor, por tu vuelta,
porque volviste el pulso perdido a la pelea,
en el arco contrario al viento abrió una brecha.

Nadie, nadie se olvida.

El cielo, el mar, la lluvia lo recuerdan.
Las insignias.
Las doradas insignias, flores de los ojales,
cerradas, por ti abiertas.

No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.

Ni el final: tu salida,
oso rubio de sangre,
desmayada bandera en hombros por el campo.

¡ Oh, Platko, Platko, Platko
tú, tan lejos de Hungría !

¿ Qué mar hubiera sido capaz de no llorarte ?
Nadie, nadie se olvida,
no, nadie, nadie, nadie.

Tras jugar en clubes de Hungría y Austria, Platko jugó en el FC Barcelona de 1923 a 1930 y en el Recreativo de Huelva la temporada 1930-1931. De Alberti, el más longevo de los autores de la Generación del 27, podemos decir que su activismo político antifascista le hizo pasar 38 años en el exilio, regresando a España en 1977. De su obra mejor no digo nada, pues ella habla por sí sola.

Mario Benedetti. El césped

jueves, 19 de noviembre de 2009

Mario Benedetti, el gran escritor uruguayo, era una apasionado del fútbol. Hincha de Nacional, en los años 40 trabajó como cronista deportivo en un diario montevideano, y más adelante jalonó su obra literaria de varios hitos futboleros en forma de cuentos. Uno de ellos es "El césped".

El Césped cuenta la historia de Benjamín Ferrés, el Benja para la hinchada, joven delantero de un club humilde de la Primera A uruguaya, y Martín Riera, guardameta del club rival. Son grandes amigos desde que jugaban en juveniles. A Martín le vienen observando clubes europeos para un posible fichaje, y se rumorea que en el próximo partido, que enfrantará a su equipo con el del Benja, habrá ojeadores “de modo que cuando te enfrentes al arco pateá con ganas así me luzco”, le dijo a su amigo cuando supo la noticia. Ese sería el último partido para ambos.

Miguel Hernández

sábado, 14 de noviembre de 2009

Miguel Hernández nació en Orihuela en 1910 en una familia de origen humilde. Al estallar la Guerra Civil se alista en el bando republicano, tomando parte activa en defensa del gobierno elegido por el pueblo democráticamente. Tras acabar la guerra fue perseguido por la dictadura franquista, siendo encarcelado dos veces. Acabó enfermando en prisión y muriendo en 1942.
Jugó al fútbol en su primera juventud. Lo hizo como extremo, aunque el apodo de "Barbacha" (tipo de caracol) nos da a entender que no habría llegado muy lejos como futbolista.

En su "Elegía al guardameta" narra la muerte de Lolo, portero del Orihuela, que falleció al golpearse con el poste tras una parada. Esto según Miguel, ya que parece ser que el mencionado Lolo no llegó a morir, sino simplemente se hizo una brecha, considerable pero no letal. La imaginación del poeta hizo el resto.

ELEGÍA AL GUARDAMETA

A Lolo, sampedro joven en la portería del cielo de Orihuela.

Tu grillo, por tus labios promotores,
de plata compostura,
árbitro, domador de jugadores,
director de bravura,
¿no silbará la muerte por ventura?

En el alpiste verde de sosiego,
de tiza galonado,
para siempre quedó fuera del juego
sampedro, el apostado
en su puerta de cáñamo añudado.

Goles para enredar en sí, derrotas,
¿no la mundial moscarda?
que zumba por la punta de las botas,
ante su red aguarda
la portería aún, araña parda.

Entre las trabas que tendió la meta
de una esquina a otra esquina
por su sexo el balón, a su bragueta
asomado, se arruina,
su redondez airosamente orina.

Delación de las faltas, mensajeras
de colores, plurales,
amparador del aire en vivos cueros,
en tu campo, imparciales
agitaron de córner las señales.

Ante tu puerta se formó un tumulto
de breves pantalones
donde bailan los príapos su bulto
sin otros eslabones
que los de sus esclavas relaciones.

Combinada la brisa en su envoltura
bien, y mejor chutada,
la esfera terrenal de su figura
¡cómo! fue interceptada
por lo pez y fugaz de tu estirada.

Te sorprendió el fotógrafo el momento
más bello de tu historia
deportiva, tumbándote en el viento
para evitar victoria,
y un ventalle de palmas te aireó gloria.

Y te quedaste en la fotografía,
a un metro del alpiste,
con tu vida mejor en vilo, en vía
ya de tu muerte triste,
sin coger el balón que ya cogiste.

Fue un plongeón mortal. Con ¡cuánto! tino
y efecto, tu cabeza
dio al poste. Como un sexo femenino,
abrió la ligereza
del golpe una granada de tristeza.

Aplaudieron tu fin por tu jugada.
Tu gorra, sin visera,
de tu manida testa fue lanzada,
como oreja tercera,
al área que a tus pasos fue frontera.

Te arrancaron, cogido por la punta,
el cabello del guante,
si inofensiva garra, ya difunta,
zarpa que a lo elegante
corroboraba tu actitud rampante.

¡Ay fiera!, en tu jaulón medio de lino,
se eliminó tu vida.
Nunca más, eficaz como un camino,
harás una salida
interrumpiendo el baile apolonida.

Inflamado en amor por los balones,
sin mano que lo imante,
no implicarás su viento a tus riñones,
como un seno ambulante
escapado a los senos de tu amante.

Ya no pones obstáculos de mano
al ímpetu, a la bota
en los que el gol avanza. Pide en vano,
tu equipo en la derrota,
tus bien brincados saques de pelota.

A los penaltys que tan bien parabas
acechando tu acierto,
nadie más que la red le pone trabas,
porque nadie ha cubierto
el sitio, vivo, que has dejado, muerto.

El marcador, al número al contrario,
le acumula en la frente
su sangre negra. Y ve el extraordinario,
el sampedro suplente,
vacío que dejó tu estilo ausente.